Historia General del Pueblo Dominicano Tomo V
304 La matanza de haitianos de 1937 que se regularizara su presencia en 1919, participaron en la construcción de los dos canales de riego en la común de Mao, el de Monsieur Bogaert (1918) y el de la Sociedad de Regantes (1923) y, luego, se integraron a las plantaciones arroceras, ante la escasez de mano de obra local. Otro grupo minoritario se XELFy HQ ODV ]RQDV FDIHWDOHUDV GH OD FRUGLOOHUD 6HSWHQWULRQDO PLHQWUDV TXH HQ Sabaneta se estableció otro que participaba en la agricultura de montaña. A LQLFLRV GH VH LQFUHPHQWy OD SUHVHQFLD KDLWLDQD HQ WRGD OD IUDQMD IURQWH - riza con la complicidad de las autoridades militares y migratorias. Monte Cristi, que comprendía las hoy provincias de Santiago Rodríguez y Dajabón y un cierto número de municipios importantes, era la zona no cañera que albergaba una mayor cantidad de haitianos, con un total de 10,972, los cuales representaban el 39 por ciento de los residentes en el país, aunque el censo de 1935 solo registró 3,816. Pero el caso más llamativo es el de Restauración, donde en 1920 se daba una desproporción entre la población haitiana (4,661) y la dominicana (1,436). En esas comunidades personas de las dos nacio- QHV HVWDEOHFLHURQ YtQFXORV IDPLOLDUHV GDQGR OXJDU D ORV OODPDGRV UD\DQRV R «haitianos étnicos» y a una sociedad dual desde el punto de vista cultural. Muchos dominicanos poseían negocios y «queridas» en ambos lados de la IURQWHUD /D DÁXHQFLD GH HVRV H[WUDQMHURV VLQ HPEDUJR GLÀFXOWDED HO DFFHVR a los medios de subsistencia de los nativos, tal como lo revela un testigo de la época: (Q HVWDV IpUWLOHV FRPDUFDV TXH OLPLWDQ FRQ 0RQWH &ULVWL \ +DLWt \D VH hace imposible al nativo dominicano el medio de vida porque una enorme invasión de haitianos ha invadido Ravinsal, Guayajayuco y Billiguín acaparándolo todo. Y no se diga que los haitianos están escondidos o tienen licencia, no; por aquí viene el Inspector de Inmigración Mateo García (Mateíto) y mediante un papel que les da VLQ ÀUPD \ VLQ VHOOR ORV KDLWLDQRV OH GDQ GLQHUR \ VH TXHGDQ ELHQ FRQ perjuicio de nosotros los trabajadores dominicanos. 3 (O p[RGR GH KDLWLDQRV VH DFUHFHQWy FRQ OD FULVLV GH OD HFRQRPtD PXQGLDO GH TXH DIHFWy D OD LQGXVWULD D]XFDUHUD GH &XED \ OD 5HS~EOLFD 'RPLQLFDQD y, sobre todo, a la economía del país vecino en su conjunto, pues disminuyó el YDORU GH VXV H[SRUWDFLRQHV \ DJXGL]y ORV QLYHOHV GH GHVHPSOHR \ SREUH]D (Q SRU HMHPSOR &XED H[SXOVy PLO GH HVRV EUDFHURV OR FXDO FRQWULEX\y a deprimir aún más el mercado laboral de ese país y a incrementar la presión VREUH OD IURQWHUD GRPtQLFR KDLWLDQD
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