Historia General del Pueblo Dominicano Tomo V

314 La matanza de haitianos de 1937 DOHPDQD /RV VLFDULRV SHQHWUDURQ D OD YLYLHQGD GH HVWD UHVSHWDEOH IDPLOLD \ la despojaron de todas las prendas de oro y del dinero que poseían, pero las autoridades locales los obligaron a devolver lo pillado. /DV KRUGDV FULPLQDOHV H[WHUPLQDURQ GH PDQHUD VLVWHPiWLFD \ GHVSLDGDGD tanto a jóvenes estudiantes como a otros que se habían integrado a diversas la- bores de artesanía, comercio, servicios domésticos o transporte de madera. Lo mismo aconteció en Loma de Cabrera (Dajabón), donde el grupo que dirigían el sargento Pío Villalona y Blanco Betances degolló a 65 escolares haitianos, de una matrícula de 105. En la sabana de Dajabón los matones concentraron cientos de haitianos a los cuales liquidaron. En otros casos, como la escuela de El Carrizal de Restauración, de 110 «estudiantes étnicos» apenas quedaron 2 considerados «netamente dominicanos». Las personas de mayor prestancia en la ciudad de San Fernando de Monte Cristi se vieron compelidas a entregar un listado de los haitianos que se hallaban a su servicio y solo de esta manera VH OHV SHUPLWLy DFRPSDxDUORV D FUX]DU OD IURQWHUD 0XFKDV IDPLOLDV GRPLQL - canas también protegieron a niños haitianos. Una de las personalidades de DUUDLJR HQ HVD FLXGDG GRxD (PLOLD -LPHQHV KHUPDQD GHO H[ SUHVLGHQWH -XDQ , Jimenes Pereyra, obtuvo autorización para trasladar a Haití a más de sesenta haitianos que tenía a su servicio. En la Región Norte ejecutaron la matanza el general José Estrella, co- misionado del Gobierno en el Cibao, el teniente coronel Manuel E. Castillo, comandante del Departamento Norte, el mayor Manuel de Jesús Checo, y los capitanes José de Jesús Rojas, David Carrasco, Arturo Mañé, Carlos Mota y /XLV )pOL] (Q OD SURSLD IURQWHUD XQR GH ORV SHUSHWUDGRUHV GHO JHQRFLGLR IXH HO general Fausto Caamaño, quien se apropió de un gran número de cabezas de JDQDGR TXH WUDQVSRUWy D ÀQFDV VX\DV $O SRFR WLHPSR GH LQLFLDUVH HO DQLTXLOD - miento, el comandante del Departamento Norte del Ejército, teniente coronel Manuel E. Castillo, declaró que la República Dominicana y esa comandancia QR WROHUDUtDQ OD YLRODFLyQ GHO WHUULWRULR QDFLRQDO \ GH OD IURQWHUD SRU KDLWLDQRV HQ SHUMXLFLR GH ORV DJULFXOWRUHV \ JDQDGHURV GRPLQLFDQRV (O WH[WR FRQFOX\H también con esta mortal advertencia: «Todo atentado abusivo e improcedente le costará, a quien osare pisotear el sagrado derecho de nuestra integridad nacional, el precio de la vida». 27 (Q ORV EDWH\HV GH ORV LQJHQLRV D]XFDUHURV GRQGH VH FRQFHQWUDED HO de la población haitiana residente, se respetó la vida de ellos por el temor de Trujillo a entrar en contradicción con la Legación norteamericana y a lesionar D ORV HPSUHVDULRV GH HVH SDtV 'H KHFKR ODV FRUSRUDFLRQHV H[WUDQMHUDV FRQWL - QXDURQ LPSRUWDQGR EUDFHURV SDUD ODV ]DIUDV VLJXLHQWHV (VRV WUDEDMDGRUHV VH hallaban segregados del resto de la sociedad, además de estar sometidos a

RkJQdWJsaXNoZXIy MzI0Njc3