Historia General del Pueblo Dominicano Tomo V
Historia general del pueblo dominicano 317 ]RQD TXLHQHV OH LQIRUPDURQ TXH HO GHVWDFDPHQWR PLOLWDU SRVHtD OD UHODFLyQ GH los cuatreros dominicanos, a la que adicionaron otros nombres. De inmediato, HO GLFWDGRU RUGHQy OD H[SXOVLyQ GH GH HVRV GHOLQFXHQWHV GH OD SURYLQFLD GH Monte Cristi, 7 de los cuales emprendieron la huida. 34 En el imaginario de los habitantes todavía perduran las atrocidades co- metidas por los ejecutores del genocidio, tales como la utilización de la cabeza de los niños como martinetes o el lanzamiento de estos al aire para luego WUDVSDVDU VX FXHUSR FRQ ODV ED\RQHWDV 2WUD DFFLyQ HVSHOX]QDQWH VH YHULÀFy el 3 de octubre, cuando a un grupo de haitianos se les hizo abordar un barco, con la promesa de reembarcarlos a Cabo Haitiano, pero una vez en alta mar ORV WLUDURQ D XQD ]RQD LQIHVWDGD GH WLEXURQHV 7HVWLJRV GH OD pSRFD WDPELpQ relatan cómo los perros llegaban a los pueblos arrastrando partes humanas y en algunas empalizadas se colocaban cráneos. Además, embriagados, los guardias descuartizaron como bestias cientos de cadáveres mientras en otros casos mutilaban los cuerpos (orejas y manos) para apoderarse de las alhajas en posesión de las víctimas. Los testimonios recopilados revelan que ni las embarazadas escaparon, mucho menos ancia- nas con largos años laborando en el servicio doméstico. Asimismo, cientos de KDLWLDQRV IXHURQ GHFDSLWDGRV 8Q WHVWLJR UHÀULy XQD DFFLyQ YHUGDGHUDPHQWH KRUULSLODQWH (Q XQD RSRUWX - QLGDG YDULRV JXDUGLDV \ UHVHUYLVWDV OOHJDURQ H[KDXVWRV DO SDUTXH GH 'DMDEyQ \ FRQIHVDURQ TXH HVH GtD QR KDEtDQ ORFDOL]DGR PXFKRV KDLWLDQRV SHUR VXV tPSH - WXV FULPLQDOHV HUDQ WDQ IXHUWHV TXH WRPDURQ VXV SXxDOHV \ ORV FODYDURQ UHLWH - radamente contra sus propias mulas. 35 La masacre indiscriminada se detuvo cuando el ministro en Santo Domingo, Evremont Carrié, y Enrique Jimenes se reunieron con Trujillo, el 8 de octubre, para quejarse y al poco tiempo el coronel Manuel E. Castillo se desplazó a Monte Cristi a cumplir el mandato GHO -HIH GH SDUDOL]DU ORV VXFHVRV Ahora bien, después de la matanza, como lo demuestran evidencias do- FXPHQWDOHV FRQWLQXDURQ ORV DVHVLQDWRV D WRGR OR ODUJR GH OD IURQWHUD LQFOXLGD la parte sur, principalmente de los que intentaban recuperar algunos bienes y de otros que se internaban en territorio dominicano. Además, continuaba OD H[SXOVLyQ VLVWHPiWLFD (VWR PRWLYy D OD &DQFLOOHUtD GHO SDtV YHFLQR D VROL - citar la detención de los crímenes y agresiones contra campesinos haitianos de los cuales decía poseer evidencias. Las quejas del Gobierno haitiano no FHVDURQ OXHJR GH WUDQVFXUULGRV YDULRV PHVHV GHO H[WHUPLQLR En mayo de 1938, la Legación haitiana denunció el caso de Joseph Mazaire, cuya espo- VD \ FLQFR GH VXV KLMRV IXHURQ OLTXLGDGRV HQ HO SDWLR GHO -X]JDGR GH 3D] GH Monción (Sabaneta); en noviembre el ministro dominicano en Haití, Emilio
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