Historia General del Pueblo Dominicano Tomo V

546 (O SURFHVR SROtWLFR GH OD VHJXQGD PLWDG GH OD GLFWDGXUD WHPtD TXH VH ÀOWUDUD VX UHODFLyQ FRQ ORV SODQHV GRPLQLFDQRV HQ XQ PRPHQWR delicado de descrédito. Los conjurados rechazaron el llamado y decidieron obrar por su cuenta, con lo que mostraban no ser instrumentos de los Estados Unidos. Aunque se les dejó seguir adelante, de seguro perdieron credibilidad entre los responsables de Washington, lo que bien pudo incidir en el desenla- FH DGYHUVR GHVSXpV TXH 7UXMLOOR IXH HOLPLQDGR \ TXHGy HQ FODUR TXH QR VHUtD posible pasar a la etapa ulterior del plan. Mientras Trujillo era ajusticiado minutos después de las diez de la noche del 30 de mayo en la autopista a San Cristóbal, no lejos de la Feria Ganadera, se presentó un evento no previsto por los conspiradores: la presencia en las FHUFDQtDV GHO PD\RU JHQHUDO UHWLUDGR $UWXUR (VSDLOODW DQWLJXR MHIH GHO 6,0 eO pudo contemplar a distancia lo que ocurría, tras lo cual marchó a casa de Román Fernández, a quien acompañó para hacerse cargo de la seguridad del Estado. 123 La inminencia del tiranicidio era ya un secreto a voces, comunicado por un nor- teamericano al doctor Benjamín Payano esa misma mañana, según la versión de HVWH ~OWLPR 5DPÀV VRPHWLy D (VSDLOODW D WRUWXUDV GXUDQWH GtDV HQ E~VTXHGD GH TXH FRQIHVDUD FXOSDELOLGDG GH FRPSOLFLGDG FRQ ORV QRUWHDPHULFDQRV HPEDUJD - do además por el rencor de que no hubiese acudido en apoyo a su padre. A los pocos minutos, la CIA se enteró de lo acontecido por medio de una llamada de Lawrence Berry (Wimpy), agente asignado a colaborar con el plan en Ciudad Trujillo. Sin embargo, los norteamericanos no realizaron acción alguna para contribuir a la materialización del golpe de Estado. En particular, IXH FUXFLDO TXH QR WUDWDUDQ GH HVWRUEDU OD OOHJDGD DO SDtV GH 5DPÀV 7UXMLOOR GHVSXpV TXH HO SRUWDYR] HQ 3DUtV GHO SUHVLGHQWH .HQQHG\ LQIRUPDUD HO KHFKR en rueda de prensa. La distancia de los Estados Unidos pudo deberse al interés de que no se estableciera su vinculación con lo que acababa de suceder. Pero también estaba en juego el plan de contribuir a la continuidad del esquema WUXMLOOLVWD D WUDYpV GH 5DPÀV \ %DODJXHU FRPR JDUDQWtD SDUD OD HVWDELOLGDG Da la impresión de que para quienes tomaban las decisiones operativas en Washington, y mantenían al tanto al presidente Kennedy, el aliento al atenta- GR IXH FLUFXQVWDQFLDO \ VXERUGLQDGR D SODQHV SURSLRV QR FRLQFLGHQWHV FRQ ORV que tenían los complotados dominicanos. 124 (VWRV SURSyVLWRV VH SXVLHURQ HQ FODUR D ORV SRFRV GtDV FRQ OD IyUPXOD SODQWHDGD SRU .HQQHG\ HQ HO VHQR GH XQ HTXLSR HVSHFLDOL]DGR SDUD DIURQWDU situaciones críticas, la cual no hacía más que aplicar conclusiones ya elabora- GDV GHVGH DSUR[LPDGDPHQWH GRV DxRV DQWHV 125 &RQIRUPH D HOODV KDEUtD TXH apoyar al trujillismo mientras persistiera el presunto peligro de que los «co- munistas» se alzasen con el poder. Tal lineamiento marcó en buena medida todo lo que sobrevino inmediatamente después. 126

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