Historia General del Pueblo Dominicano Tomo V

618 5HSUHVLyQ \ FUtPHQHV crímenes de violación a niños y niñas por más de dos ocasiones los sacaban de las cárceles. Así también se llevaban a aquellos rateros o ladrones que habían cometido crímenes o eran reincidentes en homi- FLGLRV FRQ ©HVFDOD \ IUDFWXUDVª (QWUH TXLQFH \ YHLQWH FRQYLFWRV HUDQ VDFDGRV GH ODV GLIHUHQWHV FiU - celes del país y se ejecutaba la «poda» de la siguiente manera: Un delincuente de La Romana era ahorcado o apuñalado y tirado en ODV DIXHUDV GH /D 9HJD RWUR GH %DUDKRQD HQ ODV PLVPDV FRQGLFLRQHV aparecía a la salida de Puerto Plata, y otro de San Pedro de Macorís aparecía en la carretera que conducía de Monte Cristi a Dajabón, y así sucesivamente en un período no mayor de treinta días. Esas víctimas, desconocidas en las comunidades donde aparecían, des- de luego no eran reclamadas por nadie y las autoridades del Poder Judicial, la Policía y las Fuerzas Armadas, procedían pura y simple- mente a levantar el cadáver de los muertos y enterrarlos sin ningún WLSR GH LGHQWLÀFDFLyQ HQ ORV FHPHQWHULRV ORFDOHV 1LQJXQD GH FLHQWRV de víctimas de esa naturaleza apareció jamás asesinada con armas GH IXHJR SRUTXH VRODPHQWH ORV PLHPEURV GH OD )XHU]DV $UPDGDV la Policía Nacional y las autoridades civiles, legislativas y judiciales de la nación, tenían permiso y potestad legal para portar armas de IXHJR (VH PpWRGR VLQLHVWUR LPSODFDEOH GLVFUHWR \ VLOHQFLRVR HUD XQD H[ - presión de la capacidad asesina creativa de Trujillo. Y una de las razones por las cuales algunos de los que le conocieron y sirvieron OR FDOLÀFDEDQ FRPR ©XQD PiTXLQD LQIHUQDO GHO FULPHQª DXQTXH HQ UHDOLGDG 7UXMLOOR HUD \ OR IXH VLHPSUH XQ DVHVLQR SROtWLFR VHOHFWLYR que por lo regular no dejaba huellas de sus acciones homicidas. 62 7UXMLOOR HVWDEOHFLy OD SROtWLFD GH RUGHQDU OD PXHUWH GH DTXHOORV PDWDULIHV que ya habían ejecutado demasiadas órdenes de muerte o se tornaban ame- nazante para mantener su silencio. 63 'H HVH PRGR VHJ~Q OR LQIRUPD &DUPLWD Landestoy, en 1946 tan solo sobrevivían tres de los dirigentes iniciales de La 42. 64 Esta opinión ha sido corroborada por casi todos los estudiosos de los crímenes durante este período. Otra manera utilizada para deshacerse de los enemigos era indultarlos si estaban presos y aparentar darles un empleo, para luego ordenar su elimi- nación. Así se deshizo del general Alberto Larancuent y de Gonzalo Almonte 3DFKHFR HVWH ~OWLPR VREUHYLYLHQWH GH OD JHVWD GHO GH -XQLR TXLHQ IXH DE - suelto y luego asesinado por el SIM. 65

RkJQdWJsaXNoZXIy MzI0Njc3