Historia General del Pueblo Dominicano Tomo V
Historia general del pueblo dominicano 667 activación política de los mismos, en un proceso general que cubriría, en lo adelante, a varios sectores sociales. /DV GLIHUHQFLDV FUHFLHQWHV HQWUH ODV FRQGLFLRQHV GH YLGD GH OD FLXGDG \ HO campo y entre la Capital y el resto de las provincias, se patentizaban en las ci- IUDV GH FRQVXPR GH HQHUJtD HOpFWULFD FDOFXODGDV HQ .Z KRUD GH ORV .Z K FRQVXPLGRV HQ WRGR HO SDtV .Z K R VHD HO FRUUHVSRQ - dían a la Capital, mientras que en Constanza se consumían 11,135 Kw/h y en (O &HUFDGR DSHQDV .Z K &UHFtD HO Q~PHUR GH WHOpIRQRV LQVWDODGRV \ GH cartas y telegramas enviados, siendo especialmente notables los incrementos GH ODV TXH VH PDQGDEDQ \ UHFLEtDQ GHO H[WHULRU 8QD SDUWH FRQVLGHUDEOH GH OD LQIUDHVWUXFWXUD GH FRPXQLFDFLRQHV VH KDOODED HQ PDQRV GH HPSUHVDV SDUWLFX - lares, sobre todo norteamericanas, superando al Estado. Los salarios seguían siendo reducidos, casi de hambre, mientras el costo de la vida subía. El salario nacional por jornada de 8 horas, era de 2.19 pesos, siendo de 2.39 para los hombres y 1.45 para las mujeres. Pero dicho promedio HVFRQGtD SRU HMHPSOR TXH ORV WUDEDMRV PHQRV FDOLÀFDGRV FRPR ORV GH SHRQHV ODYDQGHUDV LQGXVWULD WH[WLO KRVWHOHUtD \ ORV OLPSLDERWDV QR OOHJDEDQ D ORV pesos al día. Mientras esto ocurría, un estudio comparativo del costo de los productos de primera necesidad en 1951 y en 1936-1938 demostraba que estos KDEtDQ DXPHQWDGR H[WUDRUGLQDULDPHQWH VX YDORU ORV YHJHWDOHV \ IUXWDV HQ ODV FDUQHV \ SHVFDGRV HQ \ ORV FRPEXVWLEOHV HQ En apenas tres meses de estadía en San Francisco de Macorís, el entonces FDSLWiQ )DXVWR &DDPDxR LQIRUPDED DO JHQHUDO 'tD] GH JUDYHV KHFKRV GHOLF - tivos protagonizados por capitanes, sargentos, rasos y agentes de la Policía, que iban desde «armar desórdenes en el batey de La Amarga y cometer actos GHQLJUDQWHVª KDVWD GHVWLWXLU SRU OD IXHU]D DO DJHQWH GH &RUUHRV GH OD FRP~Q de Cabrera, hacer disparos en plena ciudad, en estado de embriaguez, y hacer uso del arma reglamentaria contra un superior. 25 Cualquier miembro de la Policía y del Ejército Nacional, incluso los al- caldes pedáneos, tenía derecho a detener y encerrar, sin previo juicio y por SHUtRGRV SURORQJDGRV QR VROR D VXSXHVWRV LQIUDFWRUHV GH ODV OH\HV VLQR D simples sospechosos. Una vez en prisión, la vida de los presos quedaba com- pletamente en manos de sus carceleros, quienes no solo abusaban de ellos y los sometían a situaciones degradantes, sino que les podían aplicar la Ley de Fuga, con absoluta impunidad. En 1930, en El Seibo, el teniente Ciprián, luego ascendido a capitán, in- IRUPDED GH GRV FDVRV TXH LQYROXFUDURQ D ORV UDVRV =HQyQ $ULDV \ 1HJUR GH la Cruz y que resultaron en la muerte, a manos de estos, de Andrés Martínez, por supuesta resistencia al arresto, y del preso Jaime Federico, acusado de
RkJQdWJsaXNoZXIy MzI0Njc3