Historia General del Pueblo Dominicano Tomo V
680 La vida cotidiana LQGXVWULDO HUD D~Q WDQ GpELO TXH VROR SRGtD EULQGDUOHV WUDEDMR HQ ODV IiEULFDV D 62 mil personas de los más de 2 millones de habitantes estimados entonces». (Q ORV FHQWUDOHV D]XFDUHURV WUDEDMDEDQ IXQGDPHQWDOPHQWH EUDFHURV KDLWLDQRV quienes, con la connivencia de las autoridades trujillistas y las empresas que los dirigían, tenían jornadas laborales casi de esclavos, sin condiciones ni pro- tección alguna. En consecuencia, una buena parte de los antiguos campesinos llegados a las ciudades se asentaron en barrios insalubres y pasaron a desem- SHxDU RÀFLRV LQIRUPDOHV Para esta enorme masa desposeída, sin conciencia social ni de clase, aplastada por la represión trujillista, la precariedad y el adoctrinamiento ince- sante, una de las escasas vías de ascenso social era la educación. Las empresas H[LJtDQ SHUVRQDO FXDOLÀFDGR HQ PD\RU SURSRUFLyQ \ GLYHUVLÀFDFLyQ TXH HQ décadas anteriores. El número de escuelas públicas y privadas se amplió, así FRPR OD PDWUtFXOD HQ OD 8QLYHUVLGDG GH 6DQWR 'RPLQJR (Q H[LVWtDQ HQ HO SDtV HVFXHODV GH HOODV S~EOLFDV VHPLRÀFLDOHV \ SULYDGDV TXH HUDQ DWHQGLGDV SRU OD H[LJXD FLIUD GH SURIHVRUHV GH ORV FXDOHV HO eran mujeres. Ese mismo año, la matrícula de alumnos ascendía a 247,867, el GHO WRWDO GH OD SREODFLyQ FRQ XQD UHODWLYD HTXLGDG HQWUH DPERV VH[RV (Q HO SDtV VH FRQWDELOL]DEDQ WDPELpQ SHUVRQDV DQDOIDEHWDV \ VHPL DQDOIDEHWDV /DV HVFXHODV GHO 'LVWULWR 1DFLRQDO \ OD SURYLQFLD GH /D $OWDJUDFLD presentaban las mayores tasas de asistencia escolar, mientras que las de San Pedro de Macorís y Puerto Plata, las menores. De todas maneras, el sistema educativo no estaba preparado para brin- GDU XQ DFFHVR D OD IRUPDFLyQ TXH SHUPLWLHUD HO DVFHQVR VRFLDO D JUXSRV LPSRU - tantes de la población. Más allá de la escuela primaria, las capacidades eran OLPLWDGDV \ FRQ XQD RULHQWDFLyQ HVFDVDPHQWH IXQFLRQDO D ORV UHTXHULPLHQWRV GHO GHVDUUROOR HFRQyPLFR 0LHQWUDV HQ WRGR HO SDtV VROR H[LVWtDQ GRV SODQWHOHV industriales, uno en la Capital y otro en San Francisco de Macorís, con la casi simbólica matrícula de 602 alumnos, las escuelas de música ubicadas en estas y otras localidades mostraban una matrícula de 1,610 estudiantes. De haberlos graduado a todos, en 1949, en el momento de su despegue industrial, el país hubiese contado con apenas un técnico por cada tres músicos. Esto eviden- FLD LPSUHYLVLyQ \ IDOWD GH SODQLÀFDFLyQ GHO GHVDUUROOR QR VROR SRU SDUWH GHO *RELHUQR VLQR WDPELpQ GH RWUDV IRUPXODFLRQHV FRQFHSWXDOHV D HVFDOD VRFLDO \ OR TXH HQ HO LPDJLQDULR SRSXODU VH DVRFLDED FRQ HO p[LWR HQ OD YLGD ODERUDO Otras centros educativos, como el de dibujo, contaban apenas con 99 estudiantes en todo el país, mientras que las llamadas «escuelas especiales» DFRJtDQ D $XQTXH OD UHG GH ELEOLRWHFDV S~EOLFDV HUD LQVXÀFLHQWH D HVFDOD QDFLRQDO \ QR FRQWDED FRQ HO UHVSDOGR JXEHUQDPHQWDO DGHFXDGR OD FLIUD GH
RkJQdWJsaXNoZXIy MzI0Njc3