Historia General del Pueblo Dominicano Tomo V

706 /D LGHRORJtD HQ OD (UD GH 7UXMLOOR sus antecesores en la dirección de la vida dominicana, que la misión de nuestro país no terminó con haber servido de asiento principal a la colonización del Nuevo Mundo y de primer escenario para la obra GH OD H[SDQVLyQ GH OD FXOWXUD HXURSHD HQ HO FRQWLQHQWH DPHULFDQR 29 Balaguer pone de relieve que el hecho histórico de la relación y «la DOLDQ]Dª SROtWLFD GHO SDtV FRQ ORV (VWDGRV 8QLGRV VHxDODGD FRQ JUDQ IXHU]D y energía en esta pieza, no es para el gran estadista otra cosa que una con- VHFXHQFLD GH OD ÀGHOLGDG GH OD 5HS~EOLFD D OD PLVLyQ SURYLGHQFLDO FRQ TXH VXUJLy D OD KLVWRULD OD GH RIUHFHU VX VXHOR SDUD OD REUD LQFRPSDUDEOH GH OD GHIHQVD \ SUHVHUYDFLyQ GH OD FXOWXUD FULVWLDQD 30 La nota aclaratoria hecha por Joaquín Balaguer acentúa la necesidad de una política de la historia articulada sobre la base ideológica de la «predestinación dominicana», idea que subyace HQ WRGD OD REUD KLVWRULROyJLFD GHO SROtJUDIR GRPLQLFDQR (V MXVWDPHQWH HQ HVWH discurso donde encontramos, por concentración ideológica, uno de los bordes y centros más activos del pensamiento de Joaquín Balaguer. 3HUR HV 7UXMLOOR TXLHQ UHSLWH FRPR OHFWRU \ GLFWDGRU OD YR] RFXOWD GHO IXWX - ro presidente de la República. La doble voz observable en el discurso en torno D OD SUHGHVWLQDFLyQ GRPLQLFDQD LQYROXFUD XQ FRQWH[WR LGHROyJLFR LPSOtFLWR \ H[SOtFLWR HQ OD SURVD WUXMLOOLVWD TXH HQFRQWUDPRV HQ HO UHJLVWUR UHWyULFR GHO VLJXLHQWH IUDJPHQWR La República Dominicana, primera capital cristiana del Nuevo Mundo, según lo recordaba, conserva el privilegio de ser, entre ODV KHUPDQDV GH $PpULFD OD PiV DQWLJXD H[SUHVLyQ GH FLYLOL]DFLyQ occidental en el continente. La conciencia de nuestra nacionalidad se remonta a los orígenes mismos de la empresa americana y está íntimamente relacionada con las ideas y los sentimientos que em- pujaron aquella magna empresa y le dieron contornos de humana realidad. 31 Y más adelante: (Q 6DQWR 'RPLQJR VXUJLHURQ YLYLÀFDGRV SRU XQD DPDUJD H[SH - riencia, los sistemas políticos y las concepciones sociales que luego encuadraron y condicionaron todo el proceso de la colonización. Cuando la Reina Isabel dictó los preceptos de libertad que inmor- talizaron su nombre, tuvo en la mente, antes que todo, la gente que entonces poblaba esta tierra. Algo más tarde corrió aquí la primera

RkJQdWJsaXNoZXIy MzI0Njc3